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Siglo XX

La importante crisis que afectó al país a finales del siglo XIX, no incidió especialmente sobre nuestro pueblo, puesto que Soraluze en esa época contaba con una industria armera moderna y bien consolidada, siendo de todas ellas la más representativa la gran fábrica "Euzcalduna", creada en 1862 y que a los pocos años pasó a manos de capital inglés, con lo que adquirió, aún si cabe, mayor pujanza.

Prueba irrefutable de que tanto el período de casi tres años de guerra a partir de 1873, como la crisis finisecular, fueron superadas sin especial dificultad por la sociedad placentina, es que en 1896 nuestra villa traspasó la barrera de los 2.000 habitantes y su ascenso demográfico seguió siendo constante.

Pero será en la segunda década de siglo se ponen los jalones de una actividad que durante el resto del siglo XX va a constituir la principal fuente de ingresos de nuestro pueblo y que, pausada pero progresivamente, acabará superando y arrinconando a la secular industria armera. Esta actividad no es otra que la tornillera, que a la postre reafirmará la vocación  eminentemente industrial de nuestro pueblo.

Es verdad que aún en el censo industrial de 1929, figuran matriculadas nada menos que treinta talleres dedicados a la armería, pero la mayoría de ellas, una vez finalizada la Guerra Civil del 36, van a derivar su producción hacia el sector tornillero que viviría su punto álgido en la década del 60.

Entre estas empresas procedentes del sector armero que se dedicarán más tarde a la fabricación de tornillería, cabe  señalar a Eugenio Argarate, Sandalio Barrenechea, Juan María Arizaga, Amuchastegui, Sacia, etc, que consiguieron un espectacular crecimiento en corto plazo de tiempo, por lo que comenzaron a construir grandes naves industriales en la década del 50 y 60, nutriéndose de mano de obra de la gran inmigración registrada en esas décadas.

Otras, como Pascual Churruca, que se dedicaban a la fabricación de herradura de goma, fueron derivando a partir del suceso bélico hacia el tornillo, actividad en la que actualmente prosiguen.

Además en los sótanos y bajeras de las casas fueron surgiendo infinidad de pequeñas tornillerías, en muchos casos negocios familiares y por tanto, con escaso número de trabajadores.

Sin embargo, algunos de estos antiguos talleres armeros se inclinaron con éxito por otros productos, como la trefilación de materiales, la construcción de utillaje y componentes agrícolas, etc. Este es el caso de Lete y Aranguren, que levantaron nuevos pabellones industriales en la década del 60.

De forma incuestionable la tornillería se convirtió en la actividad hegemónica del tejido productivo soraluzetarra en esta segunda mitad de siglo, aunque seguía manteniendo su presencia el sector armero, sobre todo gracias a la SAPA, que contaba  con una amplia plantilla, y otras empresas que siguieron dedicadas a la escopeta como Larrañaga, Sucesores de E. Arizaga, y ya algo más tarde Sarasqueta y Cía (después Indesal), etc.

Fuera de estos ámbitos, también hubo empresas de importancia dedicadas a la construcción de maquinaria como la misma Sacia y Osuma, ambas con plantillas considerables, sin olvidarnos de Alberdi Hermanos, que en la década del 50 comenzó a fabricar sus grandes pabellones en la calle Rekalde, para dedicarse al sector cubertero.

La grave crisis industrial que asoló la comarca en la década del 80 y el consiguiente déficit en inversiones, diversificación del producto, etc, significó el comienzo del fin de todas estas grandes empresas y de muchas de las tornillerías y pequeños talleres auxiliares dependientes de las mismas.

Sin embargo, fueron varias las tornillerías que prosiguieron con su actividad y hoy en día siguiente vigentes, tales como Pascual Churruca, A. Urrestarazu, A. Mendicute, C. Mendizábal, Aras, Treviño Hermanos, Iterga, Lasher, Laga, Vda. de Azcarate, Uzkate, L. Ariznabarreta, Oruesagasti, etc.

Algunas de las grandes industrias trataron de subsistir a duras penas con cambios de nombre y otras estrategias, como es el caso de Lete, Sacia, Alberdi Hermanos o las englobadas en el sector armero, sin embargo todas ellas acabaron desapareciendo. La última gran empresa histórica que venía funcionando en la localidad, la S.A.P.A. (Sociedad Anónima Placencia de las Armas), el pasado año 2005 abandonó las instalaciones de la calle Baltegieta, para asentarse en Andoain, tras un periplo de 145 años en Soraluze, transcurridos desde la implantación de su progenitora y pionera, la denominada “La Euscalduna”.

Para finalizar, es de reseñar la construcción de nuevas áreas industriales, que han propiciado el asentamiento de modernas y potentes empresas procedentes de pueblos cercanos como Irazola y Galvanizados Arrate, u otras de extracción local, como Unamuno, dedicada a la máquina-herramienta, Fer, orientada hacia artículos de ferretería, o Gol, empresa local adscrita al sector tornillero, que comenzó a andar en la década del 60, y que se ha consolidado como la empresa más representativa del sector a nivel local.

Sin duda, los cambios introducidos en el sector en los últimos años, han posibilitado su dinamización, con una industria bien consolidada y mucho más diversificada (actualmente el sector tornillero representa aproximadamente un 40% de la actividad industrial) y un estimable crecimiento del personal empleado en el sector servicios. A todo ello hay que aunar las buenas perspectivas que se ciernen sobre el futuro inmediato de nuestro pueblo con la dotación de nuevas infraestructuras, rehabilitación de diferentes áreas urbanas y rurales, construcción de nuevas viviendas y áreas de esparcimiento, recuperación integral del río,  etc., que sin lugar a dudas redundará en la calidad de vida de nuestros convecinos, convirtiendo nuestro querido y especial "txoko", en un lugar lleno de potencialidades y alicientes donde se pueda llevar a cabo un modo de vida atractivo, afable y diferente.  

 





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